Blanca, harta de estar sentada, vio encima del escritorio unas gafas horribles de esquí, se levantó indiferente y se las probó, y Miguel dijo:
- Das miedo, tienes unos ojos bonitos y las gafas te los tapan por completo, además te tapan parte de la cara- y se creó el típico momento de que todo el mundo se prueba las gafas de turno, y finalmente Blanca las dejó donde estaban y se volvió a sentar en la cama al lado de Miguel.
Al fondo de la cama había una pequeña ''cueva'' donde habían libros, cómics mejor dicho, de esos que se leen cuando uno tiene siete añitos (menos Blanca, que nunca le gustaron) pero se estiró y cogió uno, era de una especie de héroe, no de esos que tienen superpoderes, sino de esos que van a caballo y salvan a damiselas en apuros y les da una paliza a los malos usando solo sus manos.
Lo abrieron y empezaron con la broma de:
- Mira, esa eres tú- señalando el personaje más feo de la página. Blanca buscó uno más feo para decirle que era él, y señaló a un oso, y se le ocurrió algo mejor.
-¡Ése es tu novio!- Blanca se acabó dando cuenta de que mientras estaban haciendo el payaso con el cómic tenían las mejillas juntas, ni si quiera se había dado cuenta de que estuvieran tan sumamente cerca hasta ese momento.
Blanca dejó el libro en la pequeña cueva, él se situó en el final de la cama y puso sus piernas sobre las de Blanca como quien no quiere la cosa y siguieron hablando, y cuando ''discutían'' él pegaba flojito las piernas de Blanca con con sus pies, y llegó el momento embarazoso de turno; Miguel, con sus piernas levantó las de Blanca, que llevaba minifalda, y por lo que os podéis imaginar le pidió por favor que parara. Miguel la miró y le dijo con media sonrisa en la boca:
- Te has puesto roja.
- ¡Es que llevo minifalda!
La conversación llegó a la lectura, única cosa que tenían en común; a los dos les gusta leer, y pasó a la música, y acabó con Blanca cogiendo el móvil de Miguel, la foto de escritorio era la misma que había visto muchas veces en la red social. Blanca apretó el botón de la música, que no dejó de sonar hasta un buen rato después.
Tratando de conseguir mayor comodidad dentro de esa minifalda, Blanca se levantó para quitarse las llaves y el teléfono del bolsillo y dejarlo en el escritorio, y cuando ella se dio la vuelta, Miguel estaba tumbado en la cama, y ella se tumbó también, se quedaron escuchando música uno cara al otro.
continuará...

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