-Muy interesante tu mano- Blanca no supo de qué hablaba, pero a la milésima de segundo lo entendió, y se hizo la tonta.
- ¿Qué mano?
- Con la que te estás tapando- Blanca no apartó la mano, antes morirse- Aún no se te ha ido la vergüenza, ¿Verdad?- y otra vez dejó de piedra a Blanca. Por supuesto que no se le había ido la vergüenza, sobre todo cuando era la primera vez que la desnudaba.
-No - Blanca se sintió fatal, como si fuera una niña pequeña sin experiencia, como si nunca hubiera tenido relaciones, se sentía pequeñita con él, tan seguro de si mismo, y ella tan vergonzosa… Siguieron hablando sobre eso, Blanca no podía soportar ya ese sentimiento tan ridículo, se hartó de sentirse tan pequeña, se dio la vuelta y le dijo- Bah, paso de ti- y Miguel dijo en voz baja y sensual
- ¿Que pasas de mi?- y la cogió fuerte- ¿De qué tienes vergüenza?- y la tocó en lo que ella tenía vergüenza-¿de esto?- y volvió el turno de los besos fuertes y las caricias dolorosas, hasta que, finalmente, el cansancio y el paso del tiempo que acercaba cada vez más la despedida, hizo que se tranquilizaran, se quedaran quietos, él encima de ella, conscientes de que estaban empapados en sudor. Miguel se quedó serio, miró a Blanca fijamente, y con la mayor ternura del mundo para lo que parecía que estuviera él capacitado, calmó el calor de Blanca soplándole suavemente en la cara y el cuello, refrescándola, y ella se sentía en la gloria.
Él se levantó de la cama, y se sentó en ella, Blanca se quedó tumbada, se medio tapó con la manta y se acercó a Miguel, que con su gran mano sostuvo la cabeza de Blanca y acarició de forma tosca su abundante y enmarañado pelo, y mientras le acariciaba el pelo y le miraba muy seriamente, Blanca deseó saber: ¿En qué estará pensando?
Continuará...

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