- No puedes ponerme tan cachondo y dejarme así- no lo dijo con enfado ni como método de coacción. Después se puso un poco más serio y dijo- ¿Pero de qué tienes miedo?- y Blanca no supo qué contestarle, estaba bloqueada, no sabía como decirle que no se fiaba de el, que algo muy dentro no le dejaba hacerlo.
-No lo se- no quiso explicarle que tenía miedo a que la usara como a un objeto, y un poco con segundas intenciones preguntó- ¿Es eso lo que quieres?
- ¿El qué?
- Sexo
- Solo quiero que lo pasemos bien los dos, además no tengo condones, y el sexo es más que penetración- Blanca se apresuró a contestar.
- Ya lo se- a Blanca le gustaba la trayectora que estaba tomando la conversación, aunque no podía evitar dudar si era solamente una faceta o no. Miguel se puso encima de ella, y le dijo.
- Me estás demostrando que no has roto un plato en tu vida- y un poco harta del rollo ese de romper platos le dijo.
- ¿Por qué, a ver?
-Porque solo eres capaz de ponerle los cuernecitos a tu novio, no eres capaz de ponerle los cuernos cuernos- y Blanca por dentro se cabreó.
-Definitivamente no sabes casi nada de mi, por tanto, no eres quien para sacar conclusiones- y por dentro preguntó a Miguel, ¿te crees que por tocarte el pene le voy a poner mas los cuernos de lo que se los estoy poniendo?, pero en vez de eso, le dijo- ¿Crees que yo no tengo ganas?- (refiriéndose al sexo) y el dijo dulcemente (de una forma que Blanca no esperaba).
- ¿Que quieres que te haga el amor?- Hacer el amor, es una frase que Blanca le sonaba rara en la gente joven, y de él no la esperaba. Blanca encontraba una gran diferencia entre follar y hacer el amor, como todo el mundo, suponía ella. Evidentemente no habría quedado nada bien que le hubiera dicho: ¿Que quieres que te f***? Habría sido horrible por su parte. Simplemente Le gustó como lo dijo y sonó suave y con cariño.
Continuará...

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