martes, 7 de diciembre de 2010

ByM 32. ¿Ahora sí quieres?




Blanca estaba de pie, esperando, sin hacer nada más. Empezó a fijarse en los coches que pasaban, solo lo hacía por no aburrirse y por lo menos ver metal de colores con ruedas en movimiento. Por un momento se le pasó por la cabeza: ¿Te imaginas que Miguel vaya en coche y te vea?
 Al minuto le sonó un mensaje en el teléfono. Fue a mirarlo pensando que sería alguna de sus amigas reclamándole y preguntando dónde estaba, pero el mensaje era de un teléfono desconocido, y decía:

Hola, te acabo de ver delante del supermercado, he llegado hoy al pueblo, ¿Qué tal todo?

Blanca se quedó más tranquila de lo que esperaba, enseguida pensó en Miguel, pero no quiso cantar victoria, ya que no tenía ni idea de quién era el remitente, así que envió un mensaje a ese número:

¿Quién eres?

Contestación:

Soy Miguel, de Madrid, no sé si te acordarás, creo que fue en verano… Un beso


Dios, pues era verdad, Blanca enseguida se preguntó qué querría de ella, que por qué después de siete meses, le contestó:

Si me acuerdo, pero es que me he cambiado el teléfono y ya no te tenía (mentira, sí se había cambiado de teléfono, pero no tenía su número porque lo borró). Pues anteayer te vi paseando al perro, o me lo pareció. Besos

¿Que había acabado de llegar? Blanca le había pillado mintiendo y sintió vergüenza ajena. En un principio no logró entender por qué razón lo hacía, se inclinó a pensar que no había razón, que lo había dicho por comodidad, porque es mas cómodo decir he llegado hoy que he llegado hace unos días, te ahorras dos palabras, pero… menuda tontería. También pensó que querría darle al momento un aire de exclusividad, es decir, hacerle pensar que solo llegar al pueblo ya había pensado en ella y le había enviado el mensaje ipso facto. Le contestó, que a todo esto Blanca ya había subido al coche de su padre y se estaban yendo al cine:

Puede ser :-) ¿Qué tal todo? El domingo vuelvo a Madrid, si quieres podemos quedar un día de estos. Un beso.

Vaya vaya, así que ahora sí que tenía ganas de verle. En realidad le podría haber enviado: Es que estoy algo enferma, ¿sabes? Y no sé si podré quedar, si puedo te diré algo.
Pero evidentemente no lo podía hacer, sentía curiosidad, necesitaba más, saber cómo acababa aquello.

Continuará...

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