lunes, 6 de diciembre de 2010

ByM. 32. Levanta la cabeza, por favor.



En realidad Blanca estaba preparada, no le dio un infarto, solo se sorprendió encontrar a Miguel, era él, y se acercaba hacia ellos, los únicos seres vivos de los alrededores a parte de él y su perro.
Iván seguía acostado como si no pasara nada, Blanca siguió acariciándole el pelo mientras observaba que Miguel, cabizbajo se iba acercando cada vez más y más hacia ellos. Cuando más se acercaba más se aceleraba el corazón de Blanca, y pensó que, ojalá, ojalá hubieran salido del coche en vez de quedarse dentro.
Estaba ya casi al lado del coche, y Blanca le miraba fijamente, para ver si subía la cara aunque fuera un poco, ya que caminaba mirando seriamente al suelo, pero no la subió.
Blanca le dejó ir y no salió ni siquiera para decirle: hola, ¿cómo te va la vida?
No empezó a obsesionarse como supongo que estaréis pensando, lo que pasó fue que ya le picaba la curiosidad, entonces sintió la necesidad de verlo, pero ella no iba a decirle nada, eso lo tenía claro, así que ya podía ocurrir un milagro.

Al día siguiente, Blanca y sus amigos quedaron para ir a un camping cerca del barrio de Blanca. Comieron tumbados en le césped, hablaron, jugaron, escucharon música, prácticamente hicieron de todo. Blanca le contó a Paula su encuentro con Miguel, y, aunque Paula la animó para que le llamara, Blanca se negaba.
Casi al final de la tarde, el padre de Blanca la llamó para preguntarle si quería ir al cine. Blanca se lo pensó, se lo pensó principalmente por si Miguel podría estar por los alrededores, pero desterró el pensamiento y decidió ir lejos para no pensar en él, así que aceptó la invitación al cine, y quedó con su padre para que le recogiera en diez minutos delante del supermercado, y allí fue Blanca.

Continuará...

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