Blanca se alegró deshorbitadamente, pero tenía una espina clavada, porque, podía llamarla, pero, podría no hacerlo, y ¿lo de la enfermedad sería verdad, o una excusa?
Al día siguiente, Blanca se pasó toda la tarde esperando, mirando el móvil cada minuto, y el mensaje o llamada no llegaba. No quedó con nadie por si llamaba. Se hicieron las siete de la tarde y no llamó, entonces Blanca cogió su libreta y empezó a escribir, derramar lágrimas sobre ella, la tristeza que sentía era muy profunda, iba más allá que unas cuantas lágrimas, sentía que le inundaban:
Que gran desilusión, que sentimiento tan angustiante, me siento sin ganas de nada y solo me sale llorar, porque es lo peor que me ha pasado en lo que llevamos de vacaciones, y, que yo recuerde, nunca me había llevado una decepción tan grande y triste.
Es absurdo esperar más cuando se que ya no me va a llamar, pero, sin querer aun albergo algo de esperanza, una esperanza fatal que me hace aún más daño. Que lástima, que tristeza, y pensar que mañana ya se va a Madrid... que no le volveré a ver.
No lo aguanto más, no puedo con esto, no puedo dejar de llorar. Ahora mismo me acaba de llamar Iván, y no le he cogido el teléfono, porque notaría que estoy llorando y no tengo ganas de inventarme una excusa. Siento que mi alma, mi corazón están rotos, magullados. No puedo más, me estoy ahogando de desilusión, no asimilo aún esta decepción, porque supera todas mis fuerzas y supera el umbral del dolor, pero las esperanzas van ya disminuyendo.
Las esperanzas son ya nulas, pero esperaré hasta las ocho menos cuarto para dar esto tptalmente por perdido.
Mis fuerzas se van, todo carece de sentido. Siento que se ha jugado conmigo, que he sido vilmente manipulada, que he sido un juguete, algo a usar al antojo del dueño, como si no sintiera dolor, como si no pudiera pensar, como si las cosas no me afectaran.
Ya se que es muy hipócrita, pero ahora lo único que me sale es estar con Iván y llorar en sus brazos, estando delante del mar. Ya se que suena hipócrita, pero él es el único que me quiere de verdad, que me respeta, el que no me hace daño, el único que aporta dulzura a mi vida, que me respeta, el único que no juega conmigo como si yo fuera un juguete. Le quiero, le amo y yo no se apreciarle del todo, por mucho que diga que no puedo ignorar lo que siento, si de verdad estoy haciendo todo esto, es porque no se valorar a Iván como él se merece.
Jugué a un juego donde aposté demasiado sin conocer realmente las cartas, donde no sabes de que lado está tu contrincante y donde hay alguien a quien le toca sufrir, pero cada jugador no sabrá si el otro sufre, no se verán. Yo al menos sí estoy sufriendo.
Ahora voy a reflexionar, poner mis cartas en orden, barajarlas y equilibrarlas, intentar no llorar, no sentir algo que me hace tanto mal.
Sigo sin sentirme bien, tengo el corazón en un puño, mis manos sin tener lo que quieren, y todas mis palabras lanzadas al abismo donde no saldrán, y, donde poco a poco morirán sin haber tenido sentido alguno, sin saber realmente qué han hecho por mi y sin saber que han querido decir.
¿Qué tiene que me hace seguir? ¿Qué tiene que me destroza por dentro? ¿Qué tiene?
Soy una incomprendida de mi misma, no se si sentirme ridícula o valiente, humana o inhumana, estúpida o inteligente, querida o ignorada, o todo a la vez.
Ojalá la noche en que lo conocí, Iván hubiera accedido a salir por ahí conmigo, de este modo, nunca lo habría conocido.
Continuará...

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