martes, 30 de noviembre de 2010

ByM 28. Subirse por las paredes.




Cuando Blanca ya supo cual era el día en que vendría, lo único que hizo fue pasearse por todo el barrio por si se encontraba a Miguel de forma ''casual'', estaba obsesionada. Blanca esperaba recibir un mensaje suyo, pero por otra parte estaba casi 100% segura de que ni siquiera se acordaría de ella, además teniendo en cuenta que ya salía con alguien, eso la desanimaba mucho, a parte de que se sentía feísima y le había salido un grano en la frente justo al lugar donde las indúes se pintan el lunar.
Un viernes noche, Blanca salió con amigos, miraba el teléfono cada cinco minutos, no pudo más, y les contó a Paula y a Ana (fiel amiga de Blanca) que Miguel estaba en el pueblo, les contó también que esperaba un mensaje suyo pero que sabía en el fondo que no iba a llegar, y sobre todo les dije que no quería por nada del mundo enviárselo ella, el orgullo de siempre.
Las tres estuvieron debatiendo varias opciones, y Ana, junto con Paula, la animaron para que se tragara su orgullo y fuera ella quien le enviara un mensaje. Eran ya casi a las dos de la madrugada, pero Blanca no podía esperar más y le envió el mensaje, pensado, repensado y supervisado por Ana y Paula:

Hola Miguel, me han dicho que has venido al pueblo, si te apetece quedar un día de estos dime algo.

Y lo envió, pero eso sí, ni besos al final ni nada, ni siquiera una muestra de afecto, antes morirse.
Esperó toda la noche una contestación, no llegaba, Blanca se subía por las paredes, su ya calmado odio se convertía en odio desorbitado.
Blanca se fue a casa a dormir, le costó dormirse, finalmente lo consiguií, y, en la oscuridad, un sonido de teléfono la despierta eran las nueve de la mañana. Blanca saltó de la cama y se avalanzó a leer el mensaje, y era él:

Blanca! La verdad es que me encantaría, ahora aun estoy algo enfermito que ayer estuve mal, pero si estoy al 100% por la tarde te digo algo. Un beso.


Continuará...

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