Paula, que por aquel entonces llevaba mucho tiempo conversando con Igor sobre los amoríos de él, y sobre el hecho de que Paula fuera la Belén Esteban de la semana porque era la querida de un chico, bueno, chico, hombre (porque tenía once años más que ella, casi treinta) muy famosillo por el pueblo, lo increíble era que no había pasado nada ente ellos, porque por parte de Paula no había nada que hacer, pero aún así estaba en boca de todo el mundo.
Paula le dijo a Blanca que se iba con Igor a un pub donde hacían discoteca. En aquél momento, a Blanca no se le ocurrió que se podía quedar sola, completamente sola con él y perderse por las calles del pueblo, se sentía desnuda si se alejaba de Paula, así que le propuso a Miguel ir con ellos, y accedió.
Paula e Igor estaban siempre unos cuantos muchos pasos más por delante de Blanca y Miguel. Apenas habían podido emprender una nueva conversación, porque un grupito de chicas detrás de ellos le llamaron con un tono coqueto y con sus voces chillonas, más o menos así: Migueeeeeeeeél. No es posible que pueda tener tanto éxito este chico, creía que la gente exageraba, pero no, pensaba Blanca.
Miguel se fue un momento a hablar con ellas, y Blanca siguió caminando esperando a que no tardara y siguiera el camino con ella. Cuando vio que él ya había dejado al grupo de chicas y se dirigía hacia ella, le dijo algo que se moría por decirle:
-La próxima vez ponte la loción anti mosquitos.- Mientras se lo decía, se dirigía hacia Blanca con una cara que no habría sabido cómo describirla, fue una mezcla de su faceta seductora, también de relajación, y lo vio venir, fue una premonición, cuando Miguel llegó a Blanca, puso sus brazos alrededor de la cintura de ella mientras le decía:
-Me la he olvidado en la maleta.- Y aunque Blanca se moría de ganas de recibir un gesto así por su parte, su faceta de mujer fuerte e independiente hizo que cogiera sus brazos y se los apartara delicadamente, sin ser brusca, como quien no quiere la cosa. Tenía los brazos amarrados, eran duros, pero al final se soltaron. Él no hizo cara de desagrado ni cara de: ¿Por qué me apartas? Siguió como siempre, con su sonrisa seductora y su actitud de chico seguro, guapo y triunfador.
Continuará...

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