
-¿No tenías tanta prisa?
- Es que tu portal es muy acogedor…- y se acercó a Blanca, que sintió volverse estúpida, se le nubló la mente y no supo qué decir, y soltó la enrome y tremenda gilipollez:
-Si, las luces son tan… incandescentes…- enseguida se arrepintió, porque no tenía sentido, sonó tipo: no se que decir para resultarte interesante e irresistible, encima, él contestó.
-Pero si las luces están apagadas-Blanca quería desaparecer, además estaban a penas unos pocos centímetros de distancia el uno del otro. Blanca sacaba temas absurdos, y preguntaba cosas obvias y notablemente forzosas, como por ejemplo: ¿Dónde vivías? – cuando era obvio que vivían en el mismo barrio. Miguel le contestaba con la misma sonrisa, en la cara de siempre, sonrisa de seductor, que no era al 100% del agrado de Blanca, porque esas sonrisas no le suelen transmitir sinceridad, y le intimidaba, era como si un gigante mirara desde arriba a una hormiguita insegura, como si el lobo se fuera a comer a caperucita:
-Ha sido increíble conocerte, creía que eras un gilipollas, pero en realidad no lo eres tanto- Blanca se empezaba a odiar a si misma porque de su boca solo salían estupideces, y con esas palabras sentía que estuviera confesando sus sentimientos, cosa que no quería que Miguel lo notara, por el miedo de que pudiera aprovecharse y ser un lío más, cosa que Blanca no podía soportar:
-Para mi también ha sido increíble conocerte.
Continuará...
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