Siguieron hablando, y Miguel empezó a contarle a Blanca un concierto que había dado él y su grupo de música en un conocido pub y el éxito que tuvieron.
-¿Qué tocas?
-La guitarra.
-¿En serio? yo también toco la guitarra.
-¿Si? Y... ¿Qué tocas?- la pregunta de siempre que Blanca odiaba, porque todo el mundo esperaba que le dijera que toca canciones de los Rolling Stones, de Green Day, de Guns n' roses y una lista de grupos que gusta a toda esa gente de la que Blanca estaba rodeada. Pero Blanca había aprendido a tocar la guitarra con un profesor, había tocado obras desde Luys de Nárvaez como más antiguo hasta Francisco Tárrega como más contemporaneo, nadie que no hubiera tocado la guitarra en una escuela sabría quiénes son, casi nadie. Todo el mundo esperaba que Blanca se pudiera marcar unos acordes y tocara She loves you yeah yeah yeah, she loves you yeah yeah yeah, pero no, lo de Blanca eran arpegios, punteo, etc, más que acordes. Miguel no lo entendió, como Blanca esperaba, él toca lo que Blanca esperaba que tocara. Entonces Blanca pudo ver cómo se tomaban los dos la guitarra: ella buscaba relajación cuando tocaba la guitarra, toca en audiciones, un sitio cerrado y poca gente, pero si puede no tocar delante de gente, mejor. Y él, fama, grandes escenarios, grandes masas aclamando. Una gran diferencia.
Blanca empezó a relajarse, cada vez le caía menos mal, empezó a sentirse a gusto.

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