Blanca subió a casa, derramó una pequeña lágrima, no sabía exactamente por qué, si por Iván o por la experiencia recién vivida (por la segunda), no se podía explicar aquella intensidad, y ni siquiera podía entender esa atracción tan repentina entre dos personas.
Entró en su habitación y se quité por primera vez la pulsera que Iván le había regalado por su cumpleaños, se quitó el trozo de plástico más significativo de su vida (en ese momento) porque se lo pedía el corazón, lo dejó delicadamente, con mucho respeto en su pequeño joyero. Blanca se quedó en ropa interior, cogió su libreta especial y un bolígrafo, y empezó a escribir ese remolino de sensaciones vivido diez minutos antes.
Tengo que controlar esto, no puedo seguir tomándomelo así, sólo ha sido algo de una noche, solo cuatro besos mal contados...
Tengo el defecto de implicarme demasiado cuando se trata de algo... así.
Ahora tengo la cabeza solo ocupada por él, y mañana por la mañana he quedado con Iván... encima tendrá ganas de hacer el amor, y si no empiezo a ver las cosas desde otra perspectiva... no se si el cuerpo me va a dar para eso... Pero quiero tanto a Iván... es evidente que no me voy a cargar mi fabulosa relación con Iván por ese gilipollas.
Pero él es una maldita trampa: es guapo, es inteligente, ¿Por qué le interesé?, seguramente... fue genial, porque él hizo que fuera genial para poder conseguir su presa esa noche... sólo eso, una más.

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