lunes, 8 de noviembre de 2010

ByM 9.Me siento agusto aquí.




Entonces Miguel empezó a hablar de Madrid, de lo que allí se podía encontrar que no se podía encontrar en el pueblo de Blanca, en resumidas cuentas, hablaba del pueblo como un pueblucho lleno de catetos incultos, y como no encontró a Blanca muy patriótica, le dio la razón, principalmente porque en gran parte pensaba igual que él. Miguel acabó llegando a la conclusión de que el pueblo es un agujero negro, y otra vez faceta de seductor:
-¿Cómo puede ser que tú vivas en un pueblo de catetos? Me ha extrañado mucho encontrarte en un lugar como este...- Blanca hizo como si no entendiera la segunda intención de lo que dijo, cosa que se le daba muy bien, y encogió los hombros.

-Blanca, ¿a qué hora vuelves a casa?
-No tengo hora.
-Es que yo en un principio me tenía que ir a las 3 a casa con mi hermana, porque mañana nos tenemos que levantar a las siete de la mañana para volver a Madrid.- entonces, sin avisar a Blanca, hizo una llamada telefónica sin ni siquiera apartarse a un rincón a hablar.
-¿Helena? Yo ya iré a casa más tarde, dile a los papás que no se preocupen, que ya llegaré.- Blanca se extrañó, le miró fijamente y le preguntó:
-¿Tienes quien te lleve a casa?
-¿Tanto te preocupa?- lo pregunto como preguntándole a Blanca si tanto le importaba su futuro estado.
-A ver, lo que tú hagas me da igual, pero no me sería agradable ver a alguien dormir en la calle.
-No, tranquila, si no tengo quien me lleve dormiré entre cartones al lado de un contenedor de basura.
Blanca se sentía enormemente halagada por el hecho de que hubiera llamado a su hermana, para decirle que se quedaba hasta más tarde, hasta más tarde por ella. No quiso pero empezó a engancharse.



Continuará...

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